Un año más vino y se fue Expocómic. Un año más, más de lo mismo. Empezando por la peligrosa aventura que supone llegar hasta el recinto elegido por segundo año consecutivo: en transporte público dos opciones, o bajarte del metro y darte una buena caminata cuesta arriba en un día frío y lluvioso, o bajarte más cerca (del bus o del metro) pero al otro lado de una M-30 en obras, y cruzarla por un puente a prueba de vértigo y malos rollos digno de Indiana Jones ; o la opción de ir en tu propio coche por una M-30 embarrada, en obras, sin señalizar, con obreros trabajando (y a los que por supuesto hay que esquivar o te quitan puntos) y con desvíos que han desaparecido o no conducen a ningún lado, y una vez que localizas la entrada (que no está señalizada por supuesto) hay que emular a Collin McRae y hacer un giro en escuadra parándote casi en seco en mitad de una autopista (o lo que queda de ella). Gracias Gallardón, Madrid nos mata. Sorpresa además cuando te clavan 5 eurazos por la salida del aparcamiento, directa al atascazo de rigor. Una vez dentro, lo mismo de todos los años, el gran kiosco en que se ha convertido este (y otros) salón. Presencia de algún que otro editor, aunque se echa de menos la presencia de los grandes, que parece que no consideran este encuentro “digno”. Frikis disfrazados: cualquier ocasión es buena, aunque vayas de soldado imperial y no tenga mucho que ver, o incluso Jay y Silent Bob por allí pululando, y las siempre adorables adolescentes otakus con sus minifaldas de sailor moon. Este año Carlos Diez se acordó que también hay mujeres en estos salones y a su elenco (este año bastante pequeño) de mazizas disfrazadas, agregó un tío cachotas para disfrute de las féminas. Buen ambiente entre el público, que no parecía tan abundante como otros años, quizá la climatología no acompañó, pero se mostraban entusiasmados en sus éxtasis frikis frente a los autores en las sesiones de firmas. Los libreros contentos con las ventas (siempre serán pocas, jamás lo reconocerán en público, no os fiéis queridos niños, son malignos), aunque se confirma que lo que más se vende en los salones no son cómics, sobre todo cuando las novedades no son tan apabuyantes como en el salón de Barcelona. Las exposiciones de lo más interesante, exceptuando la de Javier Pagola, para mi gusto totalmente fuera de lugar en un evento así y que en algunas ocasiones (alguna madre que iba con sus hijos lo confirmaba con sus comentarios) rozaba el mal gusto. El espacio dedicado a Carlos Pacheco mostraba sobre todo páginas de, en mi opinión, su mejor trabajo: Arrowsmith. Lastima no haber incluido algún lápiz del artista para apreciar cien por cien su obra, deberían haber dedicado la expo al tandem Pacheco-Merino, las tintas de este último son francamente espectaculares, que envidia! Lo originales de Luis Durán (a pesar de no ser santo de mi devoción gráficamente, aunque cuenta historias y narra como poquitos) también daban muestra de su buen hacer y, se me antoja, de su “artesanalidad”. Sus originales todavía conservan ese regustillo a fanzine de los inicios. Por último la expo de Florenci Clavé: a-lu-ci-nan-te. Que profesionalidad, que limpieza, que buen hacer, y que injusticia que él, como tantos otros, hayan sido olvidados por el fandom. Endiosamos a nuestros autores cuando cruzan el charco, sin mirar hacia atrás y acordarnos de tantísimos españolitos que han trabajado para el extranjero, para que luego digan que no hay tradición en este país, no hay tradición de compra en todo caso! Destacar que los originales eran expuestos, un año más, en esos horribles marcos con “cristal”de plástico que hace que no se vean nítidos los originales. Y luego más de lo mismo, perseguir a los editores, evitar a quien no quieres ver, acosar a quien no te quiere ver, poner caras a autores, colegas y amigos de la red, y sobre todo empaparte del ambientillo con el que tanto disfrutamos (aunque a cierta edad ya nos pongamos gruñones y reneguemos un poquito). Como siempre llevé mi cámara (soy un fotógrafo patético, lo se) e hice algunas fotillos, si pulsáis en la foto podréis verlas.


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